martes, 13 de septiembre de 2011

Comparación entre el perito traductor y el perito intérprete

Comencemos con lo obvio: el traductor escribe y el intérprete habla. Pero más allá de la obviedad, el soporte que cada profesional usa determina las actitudes que asumirá para desempeñar sus tareas.

El traductor lidia con lo que está escrito, por lo tanto, depende del contexto y, en general, tiene un plazo determinado para entregar su traducción. Tiene tiempo de realizar investigaciones y consultas, puede darse el lujo de tomar decisiones lógicas, precisas y racionales y fundarlas en bases sólidas. Tiene la posibilidad de cortar y pegar, de buscar la mejor combinación de palabras o la expresión más ajustada. La mayor interacción que puede esperar un traductor es con sus libros de consulta, sus manuales de estilo, sus glosarios y sus diccionarios. La investigación del traductor es posterior al hecho, sobre el texto que le encomendaron traducir. Es posible que utilice mucho la memoria, pero no tiene la sensación de que depende de ella, ya que tiene a dónde recurrir en caso de bloqueos mentales. Es un universo cerrado, incluso claustrofóbico, en el que ingresa solo aquello que el traductor necesita para llegar a su cometido. La pesadilla de un traductor es no encontrar la traducción exacta o no  poder comprender qué quiso decir el autor en algún párrafo. Este es un universo en cámara lenta.

El intérpete, por el contrario, depende de la situación, y cuenta con su voz y su rapidez mental para desempeñar su trabajo. Y siempre tiene un interlocutor, o varios. Su mundo es "el" mundo, el que experimentamos todos. No conoce la claustrofobia, el aislamiento ni la soledad. El intérprete solo cuenta con unos segundos para articular en un idioma lo que alguien dijo en otro. No puede darse el lujo de emplear cinco minutos para consultar un diccionario ni buscarlo en Internet. La investigación del intérprete es anterior a la situación de interpretación, se basa en la redacción de listas de vocabulario inherentes al contexto y en memorizarlas de tal manera que resulte natural cuando las use. La pesadilla del intérprete es el silencio de radio, la incapacidad de expresar al instante lo que alguien que mueve la boca está diciendo (esto en la percepción del oyente que depende de la interpretación para asimilar el contenido). La interacción del intérprete, aunque limitada, es máxima ya que se encuentra inmerso en una situación comunicativa entre personas que conduce al intercambio lingüístico fluido y,  en consecuencia, impredecible. Este es un universo en avance rápido.

Según lo anterior, ambos profesionales emplean actitudes distintas para realizar sus tareas. Convengamos que ambos deben contar con una gran cultura general. Analicemos aquí las capacidades específicas que cada profesional debe perfeccionar para desempeñar su labor con la mayor eficiencia.

El traductor debe tener actitud de autor. Debe ser un lector incansable y ejercitar la comprensión lectora, debe estar a la vanguardia de la incorporación de vocablos y acepciones y a la modificación de la normativa que rige los idiomas en los que lee y escribe. Debe aspirar al dominio absoluto de los idiomas que utiliza, tanto en la comprensión del significado como a la precisión en el uso del lenguaje y sus particularidades y debe estar alerta a la contaminación recíproca. Debe estar al tanto de la evolución de los giros idiomáticos y de las equivalencias culturales para lograr una traducción que resulte natural y cotidiana para el lector.

Por su lado, el intérprete debe tener actitud de actor. Debe centrarse en ejercitar el oído y la comprensión auditiva, no solo en los idiomas que maneja y sus variantes sino también en detectar imperfecciones en su propia producción. Debe ejercitar su enunciación y pronunciación a fin de eliminar contaminaciones recíprocas y mantener sus enunciados lo más auténticos e impersonales como le sea posible. Debe estar preparado para reaccionar bajo presión, debe tener sangre fría y capacidad parra improvisar. El intérprete es un actor principal que no tiene libreto ni pudo participar en el ensayo general. Es la estrella, pero no el protagonista.

En las tablas que figuran en el enlace a continuación se puede ver un resumen de la comparación entre las características y las capacidades de un traductor y de un intérprete:



Quedo a la espera de cualquier comentario al respecto.

Alex Mierez Revilla.




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